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PRESENTACION EDITORIAL
Educación para la Ciudadanía Democrática:
Un Nuevo Imperativo para las Américas
Bradley A.U. Levinson (Indiana University, USA)
Daniel Schugurensky (Ontario Institute of Studies in Education-University of Toronto, Canada)
Roberto González (Pontificia Universidad Católica de Chile)
Durante la última década, los países de las Américas se han dedicado a revisar los programas de educación cívica con el propósito de crear una cultura política de mayor extensión y profundidad democrática. Por mucho tiempo un baluarte de la identidad nacional y lealtad para los regímenes más autoritarios o populistas, la educación cívica escolar ha vuelto a ser conceptualizada como un espacio para propiciar la ciudadanía democrática. Sin embargo, la educación cívica en las escuelas es sólo un componente de una compleja trama, , que compite y se alinea de modos diversos con el gran número de fuerzas e influencias que configuran la construcción de la ciudadanía, desde la cultura popular y los medios de comunicación, pasando por los grupos de pares y las relaciones económicas, hasta las oportunidades políticas y el balance de derechos y responsabilidades existentes en cada contexto determinado. En el discurso que atraviesa las Américas, la educación cívica está cediendo el paso a la educación “ciudadana”, y a la expresión más amplia, “formación ciudadana”, con frecuencia preferida, especialmente en español y portugués. En el uso que damos a esta expresión, por lo tanto, la educación para la ciudadanía democrática (ECD) incluye las iniciativas auspiciadas por el estado tanto en las escuelas como en programas educativos no formales, así como también los procesos de socialización informales y las iniciativas de la sociedad civil organizada.
Durante la última década, la Organización de Estados Americanos (OEA) también ha desempeñado un papel significativo en la región en lo que respecta a fomentar la ECD. Al menos desde la Segunda Cumbre de las Américas celebrada en Santiago de Chile en 1998, se han promulgado numerosas disposiciones para prestar atención a los “valores y prácticas democráticas” durante las asambleas generales, sesiones plenarias y Cumbres de las Américas de la OEA. Dichas iniciativas fueron reforzadas vigorosamente por la firma de la Carta Democrática Interamericana de la OEA en septiembre de 2001. Los Artículos 26 y 27 de la Carta pusieron énfasis en la necesidad de desarrollar una “cultura democrática” para acompañar las reformas políticas democráticas. En particular, el artículo 27 estipula que “se deberá prestar especial atención al desarrollo de programas para la educación de niños y jóvenes como un medio de asegurar la persistencia de los valores democráticos, lo que incluye la liberad y la justicia social”. A partir de entonces, el Departamento de Educación y Cultura, en colaboración con el Departamento para la Promoción de la Gobernabilidad de la OEA, ha tomado la delantera en convocar reuniones con participantes de instituciones gubernamentales y no gubernamentales de todas las Américas a fin de compartir los conocimientos de las mejores prácticas a nivel internacional e intercambiar ideas por medio de análisis y debates.
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